¿Qué es una ofrenda del día de muertos?

La ofrenda del Día de los Muertos representa, en México, una auténtica esperanza viva para pasar solo un día más con los seres queridos que han fallecido. La ofrenda es una puesta en escena de tradiciones que datan de la época precolombina, en donde se suelen incluir diversos platos de comida tradicional, calaveritas de azúcar, papel picado de colores, entre otros.

Uno de los elementos más importante en una ofrenda del día de muertos es la flor cempaxochitl, una flor amarilla; además, con sus pétalos se suele trazar un sendero que, según las creencias, sirve de guí para que las personas fallecidas puedan llegar hasta el sitio de la casa en donde se ha colocado la ofrenda, esperando su llegada.

Se dice que la flor también es necesaria para poder reconocer el aroma de la casa, para que el huésped se sienta como en casa, para que pueda identificar y disfrutar su estadía en el lugar que guarda tantos recuerdos.

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También es por esto que en la ofrenda se usa el incienso. Se debe encender en la casa para mezclar ambos aromas, de modo que más tarde, cuando llegue la persona fallecida, no se pierda por el camino. También se dice que el olfato es el único de los cinco sentidos que se usa después de la muerte. Está desarrollado para facilitar el regreso a casa.

Pero no es solo el recuerdo de los sentidos y la vida eterna lo que permite la comunión. También es necesario recordarles el mundo como lo conocieron, el mundo que dejaron atrás, tan lleno de cosas materiales, tan sensoriales.

En una ofrenda requiere la presencia de los cuatro elementos: agua, tierra, viento y fuego. Ninguna oferta puede estar completa si falta uno de esos elementos, y su representación simbólica es una parte fundamental de la ofrenda.

El agua, la fuente de la vida, se pone en un vaso para que los que tengan sed puedan aliviar su sed después de un largo viaje. El pan, hecho con productos de la tierra, está ahí para satisfacer su hambre. El viento, que desplaza el papel picado coloreado que decora y aporta alegría a la mesa. El fuego, que purifica todo y para esta ocasión, viene en forma de una vela que se enciende en su nombre.

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Más tarde, llega el banquete, con todas sus exquisiteces especialmente preparadas, la parte más esplendorosa de toda la fiesta.

Dependiendo de los recursos y la zona geográfica, hay tamales y anguilas, café y atole, frijoles y corundas, mole y enchiladas, toda la comida que una vez disfrutó el visitante. Es imprescindible servir la comida mientras está caliente para que desprenda un aroma más fuerte.
Otros artículos clave son la imagen del difunto, objetos personales o juguetes, si se trata de niños.

En una ofrenda también suelen aparecer las calaveras de azúcar con el nombre del difunto en la frente, y pequeñas calabazas son típicas de esta época del año. Así mismo, las imágenes de los santos también están presentes para guiar y acompañar a nuestro amado a su nuevo hogar.

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